15 ene 2026

LA PELOTA DE LA ÁNIMA

LA PELOTA DE LA ÁNIMA

Virginia Hernández Vázquez

Crédito de imagen a quien corresponda


Mi familia me ha platicado tan increíbles historias que parecen irreales. Una noche 31 de octubre, nos reunimos en familia en el estado de Hidalgo, mi padrino nos contó con mucha timidez una vivencia extraña que tuvo cuando era  niño. 

Los adultos siempre platicaban de una procesión que se veía en las noches de los días de muertos, ésta era de difuntos, salían desde el 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel, cuando se abren las puertas para que comience el camino de las ánimas a sus ofrendas hasta el 2 de noviembre cuando se van.

Las almas en pena caminan castigadas por no haber sido buenas personas, no haber hecho algo que debían, para pedir algo a los vivos y por nuevos integrantes.

Fue un 31 de octubre, luego de ayudar a su abuela a poner la ofrenda e ir a cortar flores de cempasúchil, pompón y mirasoles, cuando pidió permiso para ir a jugar con sus amiguitos con su nueva pelota de cuero naranja, en aquellos tiempos no todos los niños tenían esa posibilidad.

Platica que sus amigos estaban emocionados tocando su pelota, sobre todo Rubén. Jugaron mucho, de repente un perro negro enorme salió y les ladró como si los corriera, los niños asustados y dándose cuenta que ya estaba anocheciendo, corrieron a sus casas asustados por el perro, por los fantasmas que aparecían esos días y por la cinturonazos que les iban a poner. Mi padrino llegó a su casa, ya estaban en el rosario de sus difuntos que se acostumbra, se sentó y siguió los rezos, cenaron y se fue a dormir, entre el sueño, se acordó… “¡dejé mi pelota en el llano, me van castigar!”, se levantó y encontró a sus padres y abuelos velando la ofrenda, les pidió permiso para ir por ahi con sus amigos, pero recibió un "no" contundente, “¡a esta hora agarras un aire y para qué quieres, no sabes lo que te puedes encontrar por ahí, además en la oscuridad no se ven los canales de agua, te puedes caer!”.

Peor aún el llano estaba a unos pasos del panteón, que para ese entonces quedaba fuera del pueblo.

 Él se fue enojado a su cuarto y para no recibir unas buenas nalgadas fue a rescatar su pelota, desobedeciendo se salió de su casa por la ventana. Ya era más de media noche y caminó mucho entre la oscuridad con miedo, había un viento helado, solo era él y su lámpara de petróleo, llegó al sitio y buscó…

”¡La encontré!”, se puso muy contento y regresó a su casa.

 A unos pasos comenzó a llegarle un extraño olor:

“¡Así huele la cera de las velas en la ofrenda!”… entró en razón… ¡estaba entre la oscuridad, solo, a la salida del pueblo, lejos de casa, a unos pasos del panteón, en día de muertos!. 

Le recorrió un escalofrió y se espantó, corrió lo más rápido que pudo, su lámpara se apagó y cada ruido hasta de insectos lo atemorizaba más. El olor se hacia más fuerte, el sonido de una campanilla lo seguía, volteó hacia un camino con árboles y vió luces pequeñas que se acercaban, todo se llenó de niebla, ya no veía lo que la luna le permitía ver antes, el viento soplaba más fuerte, parecía que lloraba junto a los pirules, los perros aullaban y ladraban, vino a su mente lo que sus abuelos decían; ¡La procesión de difuntos!.

El panteón era lo más cercano que había, con la neblina corrió hacia allá, fuera de la puerta había una cruz junto a un pirúl muy grande, se escondió detrás, se puso en cuclillas, cerró sus ojos apretando igual que su boca y manos, oía murmullos que se acercaban, eran varias voces, oraciones, palabras, lo único que entendió fue; ¡Perdón, hemos pecado!, ¡ora por nosotros!.

Sintió una ráfaga helada que erizó su cuerpo, alguien se acercó a su oído y le ordenó “¡dame la pelota!”, ¡era la voz de un niño!.

Después de una eternidad para él, abrió sus ojos y ¡se encontró con una procesión de ánimas, tal como sus abuelos contaban!. Iban en dos hileras, uno de guía adelante, otro en medio de las filas y otro atrás de ellos.

Vió claramente que lo que parecían velas con flamas eran sus dedos… bueno huesos, hasta adelante había otro con  una cruz y una antorcha y otro que venía hasta atrás de todos con un cirio, ¡solo que era una persona conocida… viva!, se preguntó ¿qué hacía ahí?.

Vestían capuchas, otros ropas blancas, iban descalzos, unos llevaban canastas con algo blanco, rosarios en las manos y un ramo de hierba, habían hombres y mujeres. Cuenta que sus caras y pies era de una persona normal pero sus manos no, los dos últimos  llevaban cadenas en los pies que sonaban muy feo. Los perros no dejaban de aullar y  ladrar, uno de ellos era el perro que había visto antes con sus amigos, estaba entre él y la procesión protegiéndolo.

Contó que un olor a copal y flores de cempasúchil se hizo muy fuerte mientras vió la procesion, él se acordó que nunca debes verlos ni que te vean o te llevan, así que volvió a cerrar los ojos y a rezar lo que venía a su mente, al mismo tiempo una mano helada tocó su hombro izquierdo pero no le dio temor, si no confianza.

No supo más, despertó en su casa, un vecino lo halló y llevó, cuenta que estuvo muy enfermo con fuertes temperaturas, al sentirse mejor le platicó a su familia lo que había visto, le creyeron, su abuela le dijo que lo blanco en las canastas eran perlas, lágrimas de su dolientes qué regresan a recoger para poder descansar en paz. “seguramente fue tu abuelo Nenesio que tanto te quería el que te protegió, el olor a copal llama a los difuntos así como el cempasúchil por eso se ofrendan”. 

Lo  limpiaron de mal aire y susto.

 Sus amigos fueron a verlo, pero faltaba uno de ellos, Rubén, preguntó por él, sus padres le contaron que había escapado de su casa esa misma noche, cayó en un canal y no sobrevivió, iba por su pelota. Mi padrino recordó al niño que pidió la pelota, ni se había acordado por el susto, ¡Había sido su amiguito que no quería irse sin ella!, recordó también al vecino: ¡ví al Sr. Porfirio en la procesión!, le respondieron que había fallecido ese día de una borrachera.

Entendió que la procesión había ido a recoger a esas almas, nunca más desobedeció, aprendió que debe ser responsable, tener respeto de las creencias y tradiciones, supo que fue afortunado de sobrevivir, que no debemos anteponer las cosas materiales a nuestra vida, que hay que apreciar lo que nos dan, que hay que oír los consejos de los mayores,  por cierto terminó adoptando al perro lo llamó caiser, nunca olvidó dejarle sus cempasúchil y su ofrenda con copal a sus difuntos.

Mi querido padrino ya falleció, cada año esta presente en la ofrenda en casa y le llevamos flores al panteón, a quien nos contó seguimos sus consejos, aprendimos como él, a no salir tan noche y menos si son días de muertos, pues te puede llevar la “Procesión de las ánimas”.




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