PRONTO IRÉ POR KNÓZOROV
Por Martín Borboa
Gómez
A finales de
abril 2026, a poco menos de mes y medio para el inicio de la copa mundial de balompié,
se propuso en el Club de Lectura la
Hormiga Exploradora, hacer una tertulia ruso mexicana. Muy influenciado por
la siempre activa participación del compañero Miztli Arriaga que estudió y
vivió en Rusia, y para aprovechar sus recuerdos, observaciones y conocimientos,
fue sencillo decidir que era buena idea, que cada participante escribiera algo
acerca de ese país.
Con ello, se
invitaba a investigar, recordar, leer, buscar, hallar que compartir.
Aun no llega la
fecha de que se realice dicha tertulia, y yo en lo personal, fuera del tema
político, y la cosmonáutica, tengo muy poco en mi entorno y en el trayecto de
mi vida, respecto a Rusia.
Ya que me gusta
mucho el futbol, si se que la URSS, tuvo como mejor resultado en mundiales, un
cuarto lugar en la copa de Inglaterra 1966. De la época de la URSS, su portero
más famoso es Lev Yashin, apodado "la araña negra". Considerado el mejor portero
de la historia. Fue el primero en usar guantes y rodilleras para esa posición,
jugaba como un defensor más al ser audazmente defensivo fuera de su área de
portería, y es el único portero del la historia mundial, que ha ganado el
trofeo “Balón de oro” (en 1963). Ese trofeo es habitualmente ganado por otras
posiciones de jugadores.
Lev Yashin jugó
toda su vida profesional con el equipo Dinamo de Moscú, su ciudad natal (e
igualmente ciudad de fallecimiento).
Con la selección soviética
ganó medalla de oro en las Olimpiadas de Melbourne en 1956.
También ganó el
primer lugar de la primera Eurocopa (campeonato de selecciones europeas) en
1960. Es curioso que los países que quedaron en los tres primeros lugares, ya
no existen como tales (1er URSS, 2do Yugoslavia y 3er Checoslovaquia).
Desde el año 2019
existe el Trofeo Yashin (en honor a
él) para el mejor portero, y es otorgado anualmente por parte de France
Football.
Bueno, fuera del
tema política, de Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova, la valiente perrita Laika,
esto era todo lo que sabía como para desarrollar un tema para esa reunión.
Por eso, hablé
con esa alma mágica que me acompaña sin ser vista, y le dije que saldríamos de
compras. Esta vez me acompañaría en mi vaso de café que compré en el Seven
Eleven, de corazones y tapa roja. El termo lo compré ese día, para que mi
acompañante estrenara vehículo. No había otros diseños en el rango de precio que
elegí, así que era ese o ese. (Supongo que habrá relación entre que solo hubiera un termo y era de tapa -roja-).
Ingresé al Metro Popotla, había asientos libres afortunadamente.
Me bajaría en Zócalo /
Tenochtitlan, y en el Pasaje de los libros (un kilómetro de librerías) buscaría
autores, autoras, obras rusas.
Me topé con que
el futbol puede influir en remodelaciones subterráneas de ciudades, y ante el
alcance de dichos arreglos, el aspecto de ciertas estaciones de la línea 2 por ahora es muy
peculiar.
Las muy gustadas
maquetas de la estación están apagadas, sin luz, con bultos de material de construcción
a un lado, el piso circundante siendo reemplazado, y ya veremos cómo queda todo
cuando terminen, obviamente confío en que el resultado será óptimo.
Ya en el túnel de
librerías, en ese concepto llamado “Un paseo por los libros”, vi algunos
locales vacíos, otros cerrados, pero tuve éxito en encontrar material literario
ruso.
Compré “Ana Karenina” de León Tolstoi, que ya
empecé a leer…
Obras de teatro
de Antón Chejov, del que ya terminé una de leer: “El jardín de cerezos”…(me pareció que muy bien pudo ser mexicana la misma trama, acá también pasan esas cosas de las que habla la obra: la subasta de un gran y hermoso jardín -el más bello de la ciudad- por deudas de sus dueños, al que el comprador le talará los árboles, para fincar condominios).
“El origen de la vida” de Aleksandr Oparin, que desde mi época escolar me impresionó pero no recuerdo detalles, y valdrá la pena volverlo a leer…
Y el personaje
ruso que me reservo para después buscar y conocer más a fondo, sin carreras, es al gran Yuri Knórozov, aquel doctor en ciencias
históricas que logró descifrar la lengua maya. La fabulosa anécdota de como
obtuvo los libros que le ayudaron a lograrlo es fascinante. Se dice que participando
él como soldado en el ejército soviético que tomó Berlín al final de la segunda
guerra mundial, en la Biblioteca nacional en llamas, entró a ver que lograba
rescatar, y así puedo agarrar los libros que más tarde le ayudarían a descifrar
los grabados mayas recopilados en Guatemala, y comprender la lengua maya
plasmada en glifos e interpretarla.
Yuri Knózorov resolvió el misterio. La anécdota de cómo lo logró es
novelesca y cautivante. Amerita adentrarse a ello con más tiempo para disfrutar
conocer detalles de su hazaña.
Knózorov decía con humor pero en serio, que su gata Asya era la verdadera coautora de sus trabajos, y aseguraba que la inspiración para descifrar la escritura maya la tuvo mientras veía como ella enseñaba a sus crías a cazar.
Él insistía en
que se incluyera el nombre de su gata en sus obras, pero ellos, lo eliminaban,
y entonces el protestaba y les enviaba una foto suya cargando a su gata. No
faltó el editor que aun así, la recortaba.
Tanto su lápida en San Petersburgo muestra a la gata, así como las estatuas conmemorativas del erudito en México (como en Mérida, Yucatán). Ahí también lo plasmaron cargándola.
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